Los felicitadores en Venezuela

Por: Carol León

Definitivamente no se puede ser nacionalista, sino se ve con una óptica crítica las bondades y las desgracias de la tierra en la que nacimos. Las primeras, saltan a nuestra vista fácilmente y no sólo son de la geografía, como siempre suelen sacar a relucir -hasta con burla- sino que tenemos cualidades que como nación nos hacen destacar, tales como: la solidaridad, la responsabilidad, el agradecimiento, la adaptación a los cambios; por mencionar algunas de ellas, puesto que no es el objetivo de este artículo.

Es evidente, que aquí pues, nos atañen las desgracias o las cualidades negativas y en esta oportunidad, trataremos una en específico: la adulación. Tomamos como título, el que Pío Gil (seudónimo) le diera a su libro, donde mencionaba que en cada país, se puede decidir hacer de una cualidad, su sello distintivo y que en Venezuela lamentablemente lo que se había incentivado era el servilismo, de donde surgían personas aduladoras, que terminaban por promover a su vez el despotismo.

¿Por qué el autor llega a esta conclusión? Pues sencillo, en primer lugar, porque se convierte en una práctica cotidiana la felicitación al gobernante, que no está haciendo más que su trabajo, y que acostumbrado a esta, comienza a perseguir a la crítica; en segundo lugar, porque la administración pública pasa de ser un espacio para los más capaces a convertirse en centro de acopio del clientelismo; esto lleva por tanto, a en tercer lugar, la destrucción de la institucionalidad y con ella al gobierno voluntarista y arbitrario, al despotismo.

Pedro María Morantes, falleció en 1918, por lo que su crítica social, abarca el período del siglo XIX e inicios del XX, no obstante, citaremos un extracto para que se vea que sigue vigente el problema dentro de nuestra sociedad:

“Se ha establecido como verdad inconclusa que el que no adula a los Magistrados y sus favoritos, no es amigo del Gobierno; y se ha establecido como práctica policial que el que no es amigo del Gobierno va a la cárcel” (pág.4).

Como vemos ha sido una conducta que ha perdurado incluso hasta nuestros días, haciendo que los gobernantes se sientan con licencia para vulnerar a todo aquel que no los lisonjee. Pero lo más inaudito es que los venezolanos continuemos reproduciendo estas prácticas que nos mantienen anclados al subdesarrollo, que no dejan que nuestras instituciones florezcan y perduren, que nos impiden la construcción de una verdadera República.

Así que si usted es un felicitador, pregúntese ¿hasta cuándo le van a durar los beneficios que le ha dado su agasajado de turno? y ¿qué va a pasar cuando ya no tenga a quién lisonjear?; y si no lo es y detesta esta práctica, sea voz difusora y condénela dentro de su entorno social inmediato, pues ese es el primer paso para eliminarla de nuestra sociedad.

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