Venezuela: un país que idolatra a los Wilexis y no a los Óscar Pérez

La falta de principios del grueso de nuestra sociedad hoy día, fue algo cuidadosamente planificado desde el chavismo, que hoy disfruta de su creación: el hombre nuevo. Pero el logro no ha sido del todo de ellos, pues muchas de estas cosas que caracterizan a dicho hombre, son taras que venimos arrastrando desde incluso antes de construir nuestra República.

En este artículo, discurriremos solo sobre dos de ellas, que además de ser las más nocivas, son las que explican por qué este país idolatra a los Wilexis y no a los Óscar Pérez, ellas son: la viveza criolla y la tendencia a seguir caudillos. Empezaremos por esta última, puesto que hablamos de dos personas aquí, que han impactado en la sociedad porque se han vinculado a lo público, en dos momentos distintos y también de diferente manera.

Óscar Pérez, fue el primero que apareció en escena, él personificaba a un paladín, aquel que busca hacer el bien y luchar contra el mal, un policía destacado, respetado por sus compañeros, que se cansó del actual estado de cosas impuesto por el chavismo y decidió cambiarlo por él mismo, perdiendo la vida en su intento, dejando dos niños huérfanos y una familia disminuida, porque el grueso de los venezolanos no creyeron en él y en sus ideales.

Wilexis, quien se encuentra actualmente en la palestra pública, personifica en cambio a ese hombre nuevo; vive a costa de lo que roba de los demás; está inmerso en el negocio de la droga; es un líder caprichoso que si le llama la atención una chica, esta debe corresponderle o irse del lugar; colaboró en la conformación de la zona de paz de Petare de la mano de José Vicente Rangel, constituyéndose en el pran de la zona que domina a través del miedo, que ha decidido morder la mano de su amo y rebelarse.

Ambos decidieron enfrentar al gobierno de Nicolás Maduro, ambos han fungido como líderes y han emprendido a través de las armas esfuerzos para derrocar a la tiranía, pero adivinen ¿a quién ha venerado la opinión pública? Pues sí, a Wilexis.

Esto se explica, porque los venezolanos en medio de la desesperación por salir de esta situación, apelan a lo que en otras épocas han hecho, seguir a alguien que dice tener en sus manos la solución al problema, sin reflexionar, de forma impulsiva se abrazan fuertemente a su caudillo de turno, por lo general un hombre carismático o que impone por la violencia el respeto, que tiene capacidad de proteger a los que lo siguen y que ofrece un mañana distinto. Así, sucedió con Boves, Bolívar, Páez, Guzmán Blanco; más recientemente con Chávez y hoy día ante la falta de pantalones de los representantes de la oposición, que prefieren pelearse entre ellos sus ínfimas cuotas de poder, surge Wilexis, que representa la degeneración por completo de esa práctica.

Pero hay algo más, Wilexis a diferencia de cualquiera de los líderes de la oposición, no proviene de un lugar acomodado, sino de Petare, uno de los sitios más representativos en Caracas de los denominados “sectores populares”, por lo que encaja con esa idea, que nos han inculcado año tras año desde que el chavismo se instaló en el poder, que es la del líder popular que “sube cerros” donde yo puedo reflejarme en él porque viene del mismo sitio que yo. Esto podrá sonar a cliché pero se ha vuelto una imagen muy arraigada en el subconsciente de muchos venezolanos y los ha hecho rechazar de primera mano a muchos de los abanderados de los partidos de la MUD.

En cambio Óscar Pérez, un policía que había crecido a través de esfuerzo y se había ganado el respeto de sus compañeros quienes lo veían como un ejemplo a seguir por su desempeño, con conocimiento de acciones especiales, pero también entendiendo la incredulidad del venezolano, decide grabarse en cada parte de su plan y aun así casi nadie creyó en él; y es que hay algo que quizás no era tan visible en su momento: él pedía el respaldo de los hombres de bien, de los funcionarios que como él estaban allí por amor a su carrera y no por felicitadores; del ciudadano venezolano que quería salir de esta situación; no de los delincuentes, enchufados y demás lacras del país.

Por otro lado, la viveza criolla nos ha llevado a pensar que ser corrupto está bien, en cualquier nivel de la sociedad; que el que no se aprovecha del otro es un bobo; y que para sobrevivir bajo una impunidad absoluta, nadie debe seguir las normas sociales porque además de que no recibirá un castigo por ello, lo más probable es que por el contrario, al intentar ser correcto, la mayor parte del tiempo pueda salir perjudicado, porque el sistema comunista y criminal del chavismo se ha construido para dañar al honesto, al buen ciudadano, al que si quiere construir un mejor país, en favor de la delincuencia socialista.

En resumen ¿Qué nos muestra esto? Pues que la propaganda del chavismo ha sido efectiva, al aupar la mediocridad, la delincuencia y la corrupción; que la educación y el inculcamiento de principios desde el hogar, es una práctica en desuso en el grueso de los hogares venezolanos, llevando a nuestros jóvenes a buscar dinero fácil y sobresalir mediante los vicios y proyectos ilícitos, viendo como ejemplo de superación de la pobreza a los pranes y ahora con el enfrentamiento a Maduro por parte de Wilexis también de valentía.

¿Cómo podemos empezar por arreglar esto? Pues en primer lugar, dejando de seguir personas y comenzando a seguir ideales; evitando justificar la corrupción en el gobierno con frases como “él robaba pero hacía” y en la sociedad a través de la exaltación de delincuentes y de vicios; educando a nuestros hijos en el hogar, a través de la herramienta más poderosa: el ejemplo, enseñándoles a ser hombres y mujeres honestos, responsables y no futuros Wilexis; por último, con la veneración del mérito, el esfuerzo, el trabajo y no la mediocridad.

Venezuela Quiere ORDEN

Créditos de la imagen de Óscar Pérez a Dignnybeth Pérez en Flickr