El mal uso de la palabra “americano”

La forma en cómo se utiliza el lenguaje dice mucho de la persona que lo usa, aun más, el lenguaje expresa nuestro pensamiento consciente pero también nuestro inconsciente manifestando en cuantiosos momentos más de lo que queremos decir. Y esto va más allá de los niveles educativos del hablante pues no intento referirme a un mal uso gramatical, ni mucho menos a cuestiones semánticas. Sino más bien a como una palabra usada en una circunstancia específica puede significar más de lo que simplemente queríamos expresar.

De esta manera usar la palabra «americanos» para referirnos exclusivamente a los estadounidenses lleva implícita varias cuestiones que quien lo dice muy posiblemente pasa por alto. Entre las cosas más obvias de usar este término para referirnos a los habitantes de la nación estadounidense está el hecho de que estamos excluyendo del concepto del mismo a las personas de por lo menos otros 34 países soberanos que integran el continente americano.

Para ilustrar la problemática tan solo imaginemos por un momento como se
sentirían los indios o japoneses si se llamase asiáticos solo a los chinos, o como se sentirían los españoles o los lituanos si se les llamara europeos a los alemanes o ingleses, por citar un par de ejemplos. Pues el hecho de que existan ciertas naciones que resalten frente a otras por variadísimas circunstancias no convierte a estas necesariamente en el modelo idiosincrásico de su continente.

Pero el problema no solo se limita a esto, sino quien usa este término (americanos) en muchas ocasiones expresa en un nivel inconsciente un sentido de inferioridad incluso personal ante los naturales de Estados Unidos, esto porque muchos pueden considerar al hombre estadounidense en cierta medida la cúspide de nuestra región, debido a que ellos pertenecen a una potencia mundial, que no solo a través de lo geopolítico y económico, han acaparado la atención del mundo sino que a través de distintos medios comunicativos, como cine, televisión, Internet, y entre otras formas; han logrado calar en la psicología colectiva, cuyos efectos podemos apreciar en cómo se acapara el gentilicio “americanos” para referirse exclusivamente a estos.

La importancia de todo lo antes dicho radica en que no es sano para ninguna nación que aspire a la grandeza que sus ciudadanos se expresen de manera tal que refleje algún tipo de inferioridad consciente o inconsciente ante cualquier persona ajena a su país, pues si bien se debe reconocer los errores histórico-sociales que afectaron, afectan o afectarán a una nación es necesario que por otra parte se eleve el orgullo y ego de una nación sin caer en la desmesura.

En esta misma línea de pensamiento y siendo muy específico en el contexto
venezolano, somos tan americanos como cualquier estadounidense, y si bien esto es un ínfimo factor en la construcción del cambio para engrandecer nuestra Venezuela, en mi humilde opinión y por los argumentos antes expuestos con orgullo podemos decir:

¡Como soy venezolano, también soy americano!

 

Jorge Sambrano