La farsa del poder popular

“El poder por naturaleza no es popular, conocido por muchos pero ejercido por pocos, porque donde todos mandan nadie obedece”

Desde la llegada de Hugo Chávez al poder, el líder de la revolución socialista manifestó la necesidad de cambiar las instituciones políticas existentes en aquel momento, y dirigió innumerables esfuerzos para transformar dichas instituciones debido a que esas modificaciones eran necesarias para cambiar la forma de Estado y de Gobierno, y así convertir a la República en un Estado Socialista.

La participación ciudadana era una de esas instituciones que el proyecto socialista le interesaba y necesitaba cambiar, por el hecho de ser una institución neurálgica del sistema político venezolano. Para aquel momento, el ejercicio del sufragio activo, es decir, el derecho a elegir a los gobernantes se caracterizaba por ser representativo, y para el nuevo proyecto la representación era una aberración.

Esto se debe a que según el discurso de Chávez, el representado, “el pueblo soberano” dejaba de participar al momento de elegir a sus gobernantes, ya que los representantes no los involucraban en la toma de las decisiones políticas. Esta dinámica era un gran problema por lo que la representación debía ser sustituida por la “participación protagónica” a través de una solución mágica y utópica… el gran “poder popular”.

En la actualidad, dentro de las filas del partido socialista el principio de poder popular hace un llamado a la participación masiva, crea en los militantes y sobre todo en la base del partido la ilusión de ser decisores, y las acciones a seguir resultan ser incuestionables. En otras palabras, en el PSUV la idea de poder popular es la gasolina que enciende la maquinaria, que la hace obediente y pasiva.

La farsa continúa y por tal motivo, una estrategia propagandística llamativa de la última campaña presidencial (Mayo 2018) por parte de la tolda roja fue la utilización de la banda presidencial en distintos militantes y aficionados del PSUV. He ahí de forma simbólica uno de los principios básicos de la “Revolución Bolivariana”… El poder popular, falacia eterna de los socialistas y populistas, pues el poder por naturaleza no es popular, conocido por muchos pero ejercido por pocos, porque donde todos mandan nadie obedece, pero no nos desviemos y continuemos bajo esta premisa, y sus intenciones.

Dicha premisa busca la homogeneidad de la identidad del poder, porque sí yo solo tengo el poder seguramente solo me tocará defenderlo, pero si soy parte del poder, o por lo menos estoy convencido de que eso es así, ayudo a defenderlo. Ejemplo de ello es el lema de la campaña presidencial de 2012; “¡Chávez es Pueblo! ¡Chávez somos millones, tú también eres Chávez!”, y el más reciente “Juntos todo es posible”. Para muchos venezolanos la esperanza es lo último que se pierde, pero para el PSUV lo último que se debe perder es la cohesión del partido, porque con ella se habrá perdido todo.

El hecho de que la estrategia propagandística de la campaña presidencial de 2018 esté ligada a un principio fundamental de la ideología psuvista, le da continuidad y le permite mayor orquestación, por eso es que el 10 de enero del 2019 varias avenidas de la ciudad de Caracas amanecieron repletas de afiches con la banda presidencial que dicen #YoSoyPresidente, pero sin Nicolás Maduro. El mismo día la etiqueta fue posicionada a nivel nacional gracias a los laboratorios mediáticos y la poca pero fiel maquinaria que queda. En definitiva, más allá de defender la permanencia de Maduro, se trata de garantizar la continuidad del comunismo en el poder y seguir manteniendo la gran farsa del poder popular.

Venezuela quiere ORDEN

Helena del Caribe