El Estado y la Robolución

Por: Franklin Izarra

El Estado es una forma política que, a la luz de Thomas Hobbes nace de la necesidad de pasar del estado de naturaleza regido por la violencia irracional entre unos y otros en la que vive el hombre previo a la sociedad en sí, mediante la cual una persona o grupo queda investido con un poder soberano producto de la cesión que cada individuo hace a un ente superior, el derecho natural de garantizar su seguridad y la justicia por cuenta propia haciendo uso de la violencia, pasando entonces a ser el Estado- el único facultado para cumplir dicha función.

De acuerdo con esto último, tiene sentido la visión que da Max Weber sobre el Estado como aquel que ejerce el monopolio legal y legítimo de la violencia.

Por otro lado, para el marxismo, el Estado no es más que un instrumento de dominación de la clase burguesa, basándose en su idea de la sociedad exclusivamente economicista. A dicha concepción, Lenin agrega la idea de que el Estado es el producto de las relaciones irreconciliables de clase. El líder bolchevique proponía un Estado que sirviera únicamente a los intereses del proletariado, es decir, aniquilar a sus enemigos: la burguesía. Estos postulados fueron planteados en “El Estado y la Revolución”, publicado en 1917. En lo sucesivo, los funcionarios del Estado soviético fueron los mismos miembros del politburó del Partido Bolchevique y posteriormente del PCUS. El antiguo Estado ruso fue absorbido y subordinado al interés ideológico, convertido por tanto en la Unión Soviética.

El Estado se asegura la soberanía para garantizar la cohesión de una Nación y garantizar su supervivencia, trascendencia y supremacía. En la actualidad la mayoría de los Estados son constitucionales, es decir, sus funciones están claramente definidas y separadas en distintos entes o poderes autónomos, partiendo de la idea de que todo poder debe ser controlado para no expandirse y volverse absoluto, y de que solo el poder puede controlar al poder. Para eso es necesaria una sociedad regida por principios, virtudes, instituciones y códigos, siempre orientados hacia el Bien Común y fuertemente arraigados, a prueba del capricho y la arbitrariedad.

Contrario a esta concepción, el socialismo ha desvirtuado y corrompido completamente la figura del Estado venezolano durante los casi 60 años que lo ha tenido bajo su yugo, violentando su más importante función: garantizar la seguridad de los ciudadanos a lo interno y lo externo. La tiranía socialista aumenta, legitima y patrocina a la delincuencia y el crimen organizado, poniendo diariamente a los venezolanos a merced del hampa. Nuestras fronteras son olvidadas y nuestros recursos saqueados por los cabecillas del régimen y manos extranjeras que los financien. El Estado fue asaltado por las huestes de la mediocridad y el resentimiento para abandonar sus funciones esenciales y dedicarse a cumplir los designios y caprichos del “Comandante”, su partido, la oligarquía socialista y sus colaboradores. El socialismo ha usado y abusado del Estado para asegurarse el monopolio legal y “legítimo” de la decadencia en todos los aspectos de la sociedad venezolana. Así como también ha saqueado los recursos y dineros públicos a placer, empobreciendo y llenando de miseria a la Nación; ha insultado, humillado, ahuyentado, perseguido, apresado, torturado y asesinado impunemente a quienes no siguen incuestionablemente su doctrina.

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