Hacia la cimentación de las columnas del nacionalismo venezolano.

Por Sergio Díaz Yaguarán @Diaz_Yaguaran de @OrdenVenezuela.

Nuestra gran nación, no es una realidad estática, sino más bien dinámica y en constante movimiento, hasta el día de hoy, es una creación sincrética de distintos grupos humanos a lo largo del tiempo, lamentablemente la misma ha sido gobernada durante décadas por partidos de izquierda, que siempre hablan de justicia económica y continuamente están buscando alcanzar «la utopía», a través de un camino inexistente que ellos mismos dicen estar construyendo sobre la marcha, no son más que seres ilusorios perdidos en un bosque inmenso tratando de alcanzar una utopía irrealizable.

Dentro del espectro de la izquierda, han habido filósofos políticos, intelectuales, ideólogos, que han dado coherencia y sustentación ideológica a los movimientos de izquierda, sin embargo a pesar de poseer una base sólida para su doctrina política, muchas de sus ideas dogmáticas cual vigas rígidas de una estructura, hacen que las mismas tiendan a derrumbarse aun cuando sus bases sean aparentemente sólidas, ejemplo de estas ideas dogmáticas, es la concepción materialista de la Historia, que propugna que toda la Historia no es más que la Historia de la lucha de clases, por tanto la concepción materialista de la Historia cae en un burdo determinismo económico que establece que las relaciones sociales están condicionadas por factores económicos, obviando múltiples factores y procesos que dan pasos tanto coyunturales, como estructurales en el devenir humano.

El principal fracaso de la teoría marxista, se dio justamente bajo un régimen marxista: la Unión Soviética, en la cual no se lograron ninguna de las etapas previstas por las «profecías» de Marx. El comunismo que originalmente pregonaba la desaparición del Estado, se convirtió en la columna de un Estado omnipotente, que en vez de establecer la dictadura del proletariado, implantó una férrea dictadura sobre el proletariado.

Por otra parte están los grupos ultra-liberales de derecha en el plano económico, declarados enemigos del Estado, que buscan simplificarlo a su mínima expresión, para impulsar el individualismo extremo y la capacidad creativa egoísta de tipo empresarial de los individuos; pero considerando que nuestra sociedad es sumamente compleja y que no todos somos iguales en aspiraciones, capacidades, gustos y deseos (la única igualdad que se busca es ante la ley); sólo una pequeña élite tomaría ventaja en esas circunstancias, sobre todo aquella que posee el poder del conocimiento, el poder económico y rancio abolengo, son los mismos que propugnan como epítome del darwinismo social, la frase del hombre más rico de la historia de la humanidad, John Davison Rockefeller: «El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia del más apto. La bella rosa estadounidense sólo puede lograr el máximo de su esplendor y perfume que nos encanta, si sacrificamos a los capullos que crecen a su alrededor. Esto no es una tendencia maligna en los negocios. Es más bien solo la elaboración de una ley de la naturaleza y de una ley de Dios«.

  Algo que criticaba ampliamente el filósofo Jean-François Lyotard, era el apego de nuestra actual sociedad postmoderna por el dinero, que se acomoda curiosamente a casi todos las tendencias políticas de una manera insana, que nos hace cada vez menos ascéticos, menos altruistas y cada vez más avaros y engreídos.

Como puede apreciarse, estamos ante un mar de ideologías y tendencias dentro de esas mismas ideologías, cual paleta de colores con distintas gradaciones, todas siempre o casi siempre al servicio de determinados grupos, que emplean individuos que pronuncian discursos rimbombantes llenos de palabras adornadas y rebuscadas que tratan de comprar la voluntad de las masas; a la larga los ciudadanos terminan delegando en ellos su derecho a gobernarse, luego de ser deslumbrados por una retórica llena de falacias y silogismos baratos, que carecen de sentido práctico, esto lo han venido haciendo durante 58 años hasta el día de hoy, los amantes de la infamia, que cual demiurgos emplean artimañas para proyectar sus utopías irrealizables, degeneradas y su retórica de patrioterismo heroico, sin embargo el sano patriotismo heroico que hemos heredado del pensamiento racionalista francés, no nos hace mejores ciudadanos, ni más prósperos, ni más cultos; lo que nuestros antepasados hicieron ayer, no nos debe insensibilizar ante lo que nosotros con nuestra voluntad, determinación, conocimiento, organización, meticulosidad y ORDEN, debemos hacer aquí y ahora, para materializar el sentimiento patriótico, a través de un sano nacionalismo que esté a la altura del momento histórico que vive la República ante sus vicisitudes, para lo cual es imprescindible cimentar las bases de una doctrina política, para luego materializar una ideología Nacionalista Venezolana propia.

Estamos llamados a construir ese nacionalismo venezolano, desligado de los nacionalismos coactivos y violentos del siglo XX, donde lamentablemente muchos pensaban primero como miembros de una nación y luego si acaso, en segundo lugar, pensaban como seres humanos; donde un pedazo de tierra por muy minúsculo que fuese, era más importante que la vida de seres humanos.

El Socialismo que se pretende imponer en Iberoamérica es un exceso coactivo de intervencionismo estatal, impulsado en su mayoría por un grupo de frustrados, que aspiran obtener el poder político a través del populismo o la demagogia para hacerse con el poder económico, y el Capitalismo o peor aún el Anarco-capitalismo es un exceso de individualismo que busca simplificar el poder del Estado para que un pequeño grupo de magnates codiciosos estén por encima del poder del Estado. Nosotros debemos tener un exceso de sentido común en nuestra Venezuela del siglo XXI.

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Venezuela quiere ORDEN.